miércoles, enero 10, 2007

Navidades a ritmo Samba

Después del dinero que me costó el billete para venir a Brasil no iba a pagarme un billete para volver las navidades a casa. A parte que tampoco me interesaba, sentía curiosidad por cómo se vivía esta fiesta por estos lares. Para empezar es verano, por lo que hace calor. Como yo estoy por el interior y de vez en cuando le da por llover, tampoco fue sofocante. Me sentía como en primavera en Valencia, entre abril y mayo. Los días antes de navidad lo típico, las calles se llenan de luces, sobre todos las plazas principales. La gente abarrota los centros comerciales comprando los realitos y los niños se sientan en el regazo de Papá Noel. Aquí no tienen Reyes Magos, y lo que entienden por navidad es sólo el día de Navidad. Vamos, la Noche Buena. Papá Noel, eso sí, va vestido de Rojo y abrigado a más no poder, como si estuviéramos en medio del ártico. Como no hay reyes tampoco hay cabalgatas, pero eso si, mientras caminaba tranquilamente por el centro de la ciudad me sorprendió una musiquilla curiosa y al rato vi una carroza con un Santa Claus (lo de cambiar de nombre es para no repetirme) y camiones de coca cola iluminados que le seguían ¡Como en el anuncio!



Pero lo que más me llamó la atención fue el día de Navidad. En un principio tenia pensado ir a Río de Janeiro, pero un amigo me ofreció pasarlo en su ciudad con su familia en una ciudad cercana a Belo Horizonte. La familia es grande y tenian una fiesta grande preparada. Ya había pasado algún domingo allí por lo que sabia que eran buena gente y muy hospitalarios. Pensé que era una buena opción para pasar la Navidad fuera de mi familia, ya iría a Rio algunos días más tarde para pasar la Noche vieja.



La ciudad a la que fui tiene unos 60000 habitantes. Su familia no está en el centro, por lo que hay que coger una autobús, pagar un taxi, o conseguir alguien que te lleve (no es demasiado dificil) hasta su barrio. Aunque la ciudad no es pequeña, seguro que hay capitales de provincia en España más pequeñas, la impresión que tiene uno es la de estar en un pueblo. El centro parece un pueblo más o menos grande, digamos de unos 5000 habitantes para arriba, pero el barrio donde vivía el me recordaba a pequeños pueblos de menos de 1000 habitantes. La familia es bastante humilde, pero muy alegre (esto último parece una obligación en Brasil). Como suele ocurrir en las ciudades de interior, tanto la familia, como la mayoría de la ciudad son descendientes de esclavos. Se nota bastante el mestizaje, algo común en Brasil, donde es difícil decir de una persona que tenga un sólo origen étnico.



Pero hablemos de la fiesta. Como es lógico en Navidad, prepararon un montón de comida. Cochinillos enteros, pollo asado, un montón de arroz y cosas típicas mineras que no se como se llaman. Contrataron a un cantante para que animara la fiesta. Llegué el día anterior. Por lo que me dio tiempo para estar con la gente. Incluso ayudé un poco a preparar la comida. Esto supongo que les llamaría un poco la atención, pues mientras las mujeres preparaban la comida, lo hombres estaban en el bar tomando cerveza. Después también fui a tomar unas cuantas cervezas, bromeando con la gente en mi portuñol. Como siempre ocurre con los idiomas, con cada cerveza que te tomas hablas mejor. La fiesta comenzó a media noche. La madre de mi amigo, la mujer mas vieja de la familia y que era la que mandaba allí, por decirlo de algún modo, empezó por dar las gracias al señor por todo lo que nos da y todo este tipo de cosas religiosas. Se rezó un padre nuestro y una ave maría, se cantó algún villancico, nos abrazamos todos y cuando acabó lo que parecía una misa dijo: "ahora todos a bailar samba, forró, sertanejo y lo que haga falta" (por supuesto esto último es una traducción libre). En ese momento la reunión familiar se convirtió en una verbena de verano (no olvidar que aquí estamos en esa estación), con las chicas jóvenes bailando las canciones populares, un montón de cerveza, pinga o cachaça, y comida. Lo que más me llamó la atención es que no sólo contrataron a un cantante, sino que también había un segurata que vigilaba la puerta de la casa. Eso si, a partir de cierto horario no vigilaba nada, lo único que hacia era bailar con las muchachas.



Y esto ha sido, lo que por ahora son las Navidades más curiosas que he pasado. En próximos post escribiré sobre los días que pasé en Rio de Janeiro





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